ALMIRANTE RICHARD E. BYRD
Piloto explorador de los polos
Almirante Richard E. Byrd
Richard
Evelyn
Byrd
fue
un
gran
explorador
y
un
excelente
aviador
estadounidense.
Nació
en
Winchester,
estado
de
Virginia,
el
25
de
Octubre
de
1888,
y
murió
en
Boston
el
11
de
Febrero
de
1957.
Inició
su
carrera
de
explorador
polar
en
el
año
1925,
participando
en
la
expedición
ártica
de
MacMillan,
y
el
9
de
Mayo
de
1926,
partiendo
de
la
Bahía
de
los
Reyes
(Islas
Svalbard),
intentó
llegar
al
Polo
Norte
con
un
avión,
el
“Josephine
Ford”.
Fue
un
vuelo
de
enorme
importancia
para
su
carrera,
aunque
recibió
fuertes
críticas;
le
recriminaron,
en
particular,
el
regreso
a
la
base
antes
de
haber
sobrevolado
efectivamente
el
polo
geográfico.
Al
leer
su
diario,
uno
se
da
cuenta
de
la
realidad
del
histórico
acontecimiento
que
le
consagró
líder
de
la
aviación
y
de
las
exploraciones
polares, así como héroe nacional.
El
29-30
de
Mayo
de
1927
atravesó
el
Océano
Atlántico,
desde
Nueva
York
hasta
El
Canal
de
la
Mancha,
a
continuación
del
vuelo
efectuado
por
Charles
Lindbergh
unos
días
antes.
En
1928,
organizó
su
primera
expedición
antártica,
instalando
su
base
en
la
bahía
de
las
ballenas
y
que
llamó
“Little
America”.
El
29
de
Noviembre
de
1929,
Byrd
sobrevoló
el
Polo
Sur
con
un
avión
trimotor
“Ford”.
Su
evidente
sentido
para
la
aventura,
lo
condujo
de
nuevo
para
las
regiones
antárticas
en
1933,
en
un
viaje
que
duró
casi
tres
años.
Con
un
equipo
consistente
y
con
la
ayuda
de
técnicos
y
científicos,
logró
recabar
notabilísimos
resultados
científicos.
Directamente,
se
aisló
durante
muchos
meses
en
una estación metereológica ubicada en la plataforma de Ross.
Decidió
quedarse
allí
para
evitar
la
llamada
“fiebre
de
los
campamentos”,
queriendo
estudiar
las
auroras
boreales
y
una
serie
de
fenómenos
metereológicos.
Todo
este
período,
transcurridos
en
la
noche
antártica
a
temperaturas
que
alcanzaron
a
menudo
los
80º
C
bajo
cero,
lo
describe
en
el
libro
“Alone”
(Bompiani
1948).
En
Noviembre
de
1939,
organizó
la
tercera
expedición,
siempre
al
Polo
Sur,
con
la
cual
logró
observaciones
fotométricas
de
extensas
zonas
hasta
entonces
desconocidas.
Pero
la
expedición
más
importante
y
grandiosa,
siempre
a
la
Antártida,
la
realizó
a
partir
del
mes
de
Diciembre
de
1946.
La
operación
“High
Jump”,
así
se
llamó,
contó
con
4.700
hombres,
12
embarcaciones
y
15
aviones
situados
en
el
portaaviones
“Philippine
Sea”.
El
reconocimiento
llevó
a
los
siguientes
resultados:
fue
cartografiada
y
fotografiada
una
superficie
de
900.000
kilómetros
cuadrados,
y
estudiados
unos
8.000
kilómetros
de
costas,
con
la
intención,
entre
otras
cosas,
de
descubrir
minerales
con
contenido
de
uranio.
Libro "Diario" editado en 1944
Saliendo para una de sus
imnumerables expadiciones
Calculando sus coordenadas
geográficas
A
la
izquierda
encima,
portada
del
"Diario
de
Richard
Byrd",
escrito
en
1.925.
Ha
sido
publicado
recientemente
por
Raimund
E.
Goerler,
Jefe
de
Archivo
del
"Polar
Byrd
Research
Center",
de
la
Universidad
de
Columbus,
en
Ohio
U.S.A.,
entre
las
páginas
"Blancas",
Byrd
escribió
astutamente
su
aventura
al
centro
de
la
tierra,
acaecido el 19 de Febrero de 1.947, entrando por la abertura dinámica del Antártico.
Finalmente,
en
1955/56,
organizó
una
quinta
expedición
antártica,
llamada
“Operación
Hielo
Intenso”,
en
la
cual,
por
motivos
de
salud,
no
tomó
parte
de
modo
relevante.
Inició,
en
cambio,
la
grandiosa
expedición
norteamericana
encaminada
a
las
investigaciones
científicas
del
Año
Geofísico
Internacional,
en
1957.
Byrd,
desgraciadamente,
no
pudo
asistir
al
cumplimiento
de
la
que,
en
gran
parte,
fue
obra
suya,
ni
a
la
total
ejecución
de
sus
programas
de
trabajo,
lo
cual
no
le
evitó
la
satisfacción
de
poder
efectuar
otro
vuelo
fantástico
a
aquella
tierra
que
llamó
“El
gran desconocido”.
Ahora,
ocupémonos
de
su
diario,
que
forma
parte
de
una
colección
considerable
de
material
que
actualmente
se
encuentra
en
el
Centro
de
Investigación
Polar
Byrd,
de
la
Universidad
del
Estado
de
Columbus
en
Ohio,
U.S.A..
Con
la
ayuda
del
Departamento
de
Educación
de
Estados
Unidos,
se
ha
conseguido
recopilar
en
estos
últimos
años
una
enorme
cantidad
de
hallazgos
históricos
relacionados
con
sus
numerosas
expediciones
polares.
El
Dr.
Raimund
E.
Goerler,
jefe
del
archivo
del
Centro
Polar,
al
transcribir
el
contenido
del
diario
de
1925,
entre
las
páginas
“blancas”,
encontró
una
serie
de
fascinantes,
increíbles
y
extraordinarias
informaciones,
con
fecha
19
de
Febrero
de
1947.
No
tienen
nada
que
ver
con
la
valerosa
exploración
ártica,
refiriéndose
exclusivamente
a
la
aventura
maravillosa
del
Almirante
durante
su
cuarta
expedición
al
Polo
Sur;
un
simple
detalle,
pero
muy
astuto
por
parte
de
Byrd,
que
rehabilita
totalmente
su
obra
y
su
memoria
en
la
historia de las exploraciones del planeta Tierra.
“Debo
escribir
este
diario
a
escondidas
y
en
absoluto
secreto.
Relaciona
mi
vuelo
a
la
Antártida,
de
fecha
19
de
Febrero
de
1947.
Llegará
un
tiempo
en
que
la
racionalidad
de
los
hombres
deberá
disolverse
en
la
nada,
y
se
deberá
entonces
aceptar
la
verdad
ineludible.
Yo
no
tengo
la
libertad
para
difundir
la
documentación
que
sigue
a
continuación;
tal
vez
no
se
publicará
nunca,
pero
debo,
a
pesar
de
todo,
cumplir
con
mi
deber
y
relacionarla
aquí,
con
la
esperanza
de
que
algún
día
todos
puedan
leerla,
en
un
mundo
en
que
el
egoísmo
y
la
codicia
de
ciertos
hombres
no
puedan ya suprimir la verdad”.
Base científica "Byrd Station" 1944
Preparado para explorar en el hielo
Sello Conmemorativo U.S.A,
Lugar de su enterramiento DEP
Su teoria de la tierra hueca
19 de Febrero de 1947
Hora-:
Toda
la
preparación
para
nuestro
viaje
se
ha
completado,
y
estamos
volando
con
el
depósito
lleno
de
carburante, a las ....horas.
Hora-: Ajustado el flujo de carburante en el motor derecho, y el “Pratt Whitneys” vuela tranquilamente
Hora-:
Control
de
la
posición
con
el
sextante;
nuevo
control
de
proa
con
brújula;
efectuado
un
leve
cambio
de dirección, y estamos en la ruta establecida.
Hora-: Control de radio con el campamento base; todo está en su sitio y la recepción es normal.
Hora-:
Se
nota
una
leve
pérdida
de
aceite
del
motor
derecho;
sin
embargo,
el
indicador
de
la
presión
parece
normal.
Hora-:
Notada
una
ligera
turbulencia
por
el
este,
a
una
altitud
de
2321
pies;
corrección
a
1700
pies;
la
turbulencia
cesa,
pero
aumenta
el
viento
de
cola;
pequeño
ajuste
de
la
palanca
manual;
el
avión
procede
ahora normalmente.
Hora-: Control de radio con el campamento base; situación normal.
Hora-: De nuevo una turbulencia, a 2.900 pies de altitud; de nuevo óptimas condiciones de vuelo.
Hora-:
Extensiones
de
hielo
y
nieve
por
debajo
nuestro;
notadas
unas
coloraciones
amarillentas
con
dibujos
lineales;
alterado
el
curso
para
examinar
mejor
estas
configuraciones
coloreadas;
notadas
también
coloraciones
violáceas
y
rosáceas.
Controlada
esta
área
con
dos
giros
completos
y
se
vuelve
a
ruta
establecida.
Efectuado
un
nuevo
control
de
posición
con
el
campamento
base,
informando
sobre
las
coloraciones en el hielo y en la nieve por debajo nuestro.
Hora-:
Tanto
la
brújula
magnética
como
la
aguja
giroscópica
empiezan
a
girar
y
a
oscilar;
no
es
posible
mantener
nuestra
ruta
con
la
instrumentación.
Retomamos
la
dirección
con
la
brújula
solar
y
todo
parece
ahora
en
su
sitio.
Los
controles
parece
que
responden
y
funcionan
lentamente,
pero
no
hay
indicación
de
congelación.
Hora-: A lo lejos, parece que hay unas montañas.
Hora-:
Han
transcurrido
29
minutos
de
vuelo
desde
el
primer
avistamiento
de
montañas;
no
se
trata
de
una
alucinación. Es una pequeña cadena montañosa que nunca había visto antes.
Hora-: Cambio de altitud a 2950 pies; de nuevo una fuerte turbulencia.
Hora-:
Estamos
sobrevolando
la
pequeña
cadena
de
montañas
y
continuamos
hacia
el
norte,
por
lo
que
podemos
verificar.
Más
allá
de
las
montañas,
hay
algo
que
parece
ser
un
valle
con
un
pequeño
río
o
riachuelo
que
fluye
a
la
parte
central.
¡No
debería
haber
ningún
valle
verde
aquí
abajo!
¡Hay
algo
decididamente
extraño
y
anormal
aquí!
¡Deberíamos
sobrevolar
solo
hielo
y
nieve!
A
la
izquierda
hay
grandes
bosques,
a
los
lados
de
las
montañas.
Nuestros
instrumentos
de
navegación
giran
todavía
como enloquecidos; el giroscopio oscila hacia delante y hacia atrás.
Hora-:
Cambio
de
altitud
a
1.400
pies
y
efectúo
un
apurado
giro
completo
hacia
la
izquierda
para
examinar
mejor
el
valle
por
debajo
nuestro.
Es
verde,
con
musgo
y
hierba
muy
abundante.
La
luz
aquí
parece
diferente.
Ya
no
consigo
ver
el
sol.
Damos
otro
giro
a
la
izquierda
y
divisamos
lo
que
parece
ser
una
especie
de
gran
animal.
¡Parece
un
elefante!
¡No!
¡Parece
ser
un
mamut!
¡Es
increíble
pero
es
así!
Descendemos
a
1.000
pies
y
tomo
unos
anteojos
para
examinar
mejor
al
animal.
Queda
confirmado;
se
trata
sin
lugar
a
dudas, de un animal parecido al mamut. Informo de esta noticia al campamento base.
Hora-:
Encontramos
otras
colinas
verdes.
El
indicador
de
la
temperatura
externa
señala
24
grados
centígrados,
y
continuamos
nuestra
ruta.
Los
instrumentos
de
navegación
ahora
parecen
normales.
Estoy
perplejo ante sus reacciones. Intento contactar con el campamento base, pero la radio no funciona.
Hora-:
El
paisaje,
por
debajo
nuestro,
está
más
nivelado
y
normal,
si
es
que
hay
que
usar
esta
palabra.¡Ante
nosotros
divisamos
lo
que
parece
ser
una
ciudad!
¡Es
imposible!
El
avión
parece
ligero
y
extrañamente
flotante.
¡Los
controles
no
responden!
¡Dios
mío!¡A
nuestra
derecha
y
a
nuestra
izquierda
hay
aparatos
de
una
extraña
forma!
¡Se
acercan
y
algo
irradia
de
ellos!
¡Ahora
están
bastante
cerca
para
poder
ver
sus
insignias!
¡Hay
un
símbolo
extraño!¡No
lo
revelaré!
¡Es
fantástico!
¿Dónde
estamos?
Qué
está
sucediendo?
Una
vez
más
tomo
decididamente
los
mandos.
¡Nos
mantenemos
firmemente
suspendidos
bajo
el
control
de
una especie de soporte de acero invisible!
Hora-:
Nuestra
radio
hace
un
ruido
extraño
y,
de
repente,
se
oye
una
voz
que
habla
en
inglés,
con
un
acento
que
parece
nórdico
o
alemán.
El
mensaje
es:
“¡Bienvenido
a
nuestro
territorio,
Almirante!
Os
haremos
aterrizar
exactamente
dentro
de
siete
minutos.
Relájese,
Almirante,
está
en
buenas
manos”.
Me
doy
cuenta
que
los
motores
de
nuestro
avión
están
apagados.
Nuestro
aparato
está
bajo
un
extraño
control,
y
ahora
gira sobre si mismo. Los mandos están inutilizados.
Hora-:
Recibimos
otro
mensaje
por
radio.
Estamos
a
punto
de
proceder
para
el
aterrizaje
y,
en
breve,
el
avión vibra ligeramente, empezando a descender como sostenido por un enorme e invisible ascensor.
Hora-:
Estoy
haciendo
una
última
y
rápida
anotación
en
el
diario
de
abordo.
Algunos
hombres
se
están
acercando
a
pie
al
avión;
son
altos
y
tienen
los
cabellos
rubios.
A
lo
lejos,
hay
una
gran
ciudad
resplandeciente,
que
vibra
con
la
gama
de
colores
del
arco
iris.
No
sé
qué
sucederá
ahora,
pero
no
veo
rastro
de
armas
en
aquellos
que
se
aproximan.
Ahora
oigo
una
voz
que
me
ordena,
llamándome
por
mi
nombre, que abra la puerta del avión. Cumplo la orden.
Desde este punto en adelante, escribo los acontecimientos que siguen aflorando a la memoria.
Lo
que
sigue
a
continuación,
roza
la
imaginación
y
parecería
una
locura
si
no
hubiese
sucedido
de
verdad.
El
técnico
y
yo
fuimos
retirados
del
avión
y
acogidos
de
modo
cordial.
Después,
subimos
a
un
pequeño
medio
de
transporte,
parecido
a
una
plataforma,
¡pero
sin
ruedas!
Nos
condujo
hasta
la
ciudad
resplandeciente
con
gran
celeridad.
Mientras
nos
acercábamos,
la
ciudad
parecía
estar
hecha
de
cristal.
En
poco
tiempo,
llegamos
a
un
gran
edificio,
con
una
forma
que
jamás
había
visto
antes;
parecía
haber
salido
de
los
dibujos
de
Frank
Lloyd
Wright,
o
quizás,
más
precisamente,
de
una
escena
de
Buck
Rogers.
Se
nos
ofreció
una
especie
de
bebida
caliente,
de
algo
que
nunca
había
saboreado
antes;
era
deliciosa.
Después
de
unos
diez
minutos,
dos
de
nuestros
admirables
anfitriones
vinieron
a
nuestro
alojamiento
invitándome
a
seguirles.
No
tenía
otra
opción
que
obedecer.
Dejé
a
mi
técnico
de
radio
y
anduvimos
un
poco
hasta
entrar
en
lo
que
parecía
ser
un
ascensor.
Bajamos
durante
algunos
instantes
y
el
ascensor
se
detuvo,
deslizándose
la
puerta
hacia
arriba
silenciosamente.
Luego
continuamos
por
un
largo
pasillo
iluminado
por
una
luz
rosácea
que
parecía
salir
de
las
mismas
paredes.
Uno
de
los
seres
hizo
un
signo
y
nos
detuvimos
frente
a
una
gran
puerta,
por
encima
de
la
cual
había
un
escrito
que
no
supe
leer.
La
gran
puerta
se
abrió
sin
hacer
ruido
y
fui
invitado
a
entrar.
Uno
de
los
anfitriones
dijo:
“No
tenga
miedo,
Almirante;
está
a
punto
de
tener
un
coloquio
con
el
Maestro”.
Entré
y
mis
ojos
se
fijaron
lentamente
en
el
maravilloso
colorido
que
llenaba
totalmente
la
habitación.
Entonces
empecé
a
ver
lo
que
me
rodeaba;
lo
que
aparecía
ante
mis
ojos
era
lo
más
estupendo
que
he
visto
en
toda
mi
vida.
En
efecto,
la
vista
era
demasiado
magnífica
para
poder
ser
descripta;
era
deliciosa.
No
creo
que
existan
términos
humanos
para
describir
sus
detalles
justamente.
Mis
pensamientos
fueron
interrumpidos
dulcemente
por
una
voz
cálida
y
melodiosa,
que
dijo:
“Le
doy
la
bienvenida
a
nuestro
territorio,
Almirante”
Vi
a
un
hombre
de
rasgos
delicados,
de
edad
avanzada
tal
como
denotaba
su
rostro,
que
estaba
sentado
a
una
gran
mesa.
Me
invitó
a
sentarme
en
una
de
las
sillas;
una
vez
me
senté,
juntó
las
puntas
de
los
dedos
y
me
sonrió.
De
nuevo,
habló
dulcemente
y
me
dijo
lo
siguiente:
“Le
hemos
dejado
entrar
aquí,
porque
usted
tiene
carácter
noble
y
bien
conocido
en
el
mundo
de
la
superficie,
Almirante”. Al oír estas palabras, mundo de la superficie, ¡casi me quedé sin aliento!
“Si,-
insistió
el
Maestro
con
una
sonrisa-
usted
se
encuentra
en
el
territorio
de
los
Arianos,
el
mundo
subterráneo
de
la
Tierra.
No
retrasaremos
mucho
tiempo
su
misión
y
seréis
escoltados
hacia
la
superficie,
y
un
poco
más
allá,
sin
peligro
alguno.
Pero
ahora,
Almirante,
le
diré
el
motivo
de
que
haya
sido
convocado
hasta
aquí.
Nuestro
interés,
exactamente,
empezó
inmediatamente
después
de
la
explosión
de
las
primeras
bombas
atómicas,
por
parte
de
vuestra
raza,
sobre
Hiroshima
y
Nagasaki,
en
Japón.
Fue
en
aquel
momento
de
inquietud
que
enviamos
a
vuestro
mundo
de
superficie
nuestros
medios
volantes,
los
“Flugelrads”,
para
investigar
lo
que
vuestra
raza
había
hecho;
pero
esto,
obviamente,
ya
es
historia
pasada,
y
permítame
continuar,
Almirante.
Fíjese
que
nosotros
nunca
hemos
interferido
hasta
ahora
en
las
guerras
y
en
las
barbaries
de
vuestra
raza,
pero
ahora
debemos
hacerlo,
ya
que
vosotros
habéis
aprendido
a
manipular
un
tipo
de
energía,
la
atómica,
que
no
está
hecha
en
absoluto
para
el
hombre.
Nuestros
emisarios
ya
han
entregado
mensajes
a
las
potencias
de
vuestro
mundo,
y,
sin
embargo,
éstas
no
han
prestado
atención.
Ahora,
usted
ha
sido
elegido
para
ser
testigo
de
que
nuestro
mundo
existe.
Tenga
en
cuenta
que
nuestra
cultura
y
nuestra
ciencia
están
más
avanzadas,
en
varios
miles
de
años,
respecto
a
las
vuestras,
Almirante”.
Le
interrumpí,
diciéndole:
“¿Pero
todo
esto,
que
tiene
que
ver
conmigo,
señor?”.
Los
ojos
del
Maestro
parecieron
penetrar
profundamente
en
mi
mente
y,
después
de
haberme
escudriñado
un
poco,
respondió:
“Vuestra
raza
ha
llegado
a
un
punto
irreversible,
del
“no
retorno”,
porque
entre
vosotros
hay
algunos
que
destruirán totalmente vuestro mundo, antes de renunciar al poder tal como lo conocen..”.
Asentí
y
el
Maestro
continuó
hablando:
“Desde
1945
en
adelante,
hemos
intentado
entrar
en
contacto
con
vuestra
raza,
pero
nuestros
esfuerzos
han
sido
acogidos
con
hostilidad;
dispararon
contra
nuestros
“Flugelrads”.
Si,
fueron
también
perseguidos
con
maldad
y
adversidad
por
vuestros
aviones
de
combate.
Por
consiguiente,
ahora
hijo
mío,
le
digo
qu
e
hay
una
gran
tempestad
en
el
horizonte
para
vuestro
mundo,
una
furia
negra
que
no
cesará
durante
varios
años.
No
habrá
defensa
en
vuestras
armas;
no
habrá
seguridad
en
vuestra
ciencia.
Se
desatará
hasta
que
cada
vestigio
de
vuestra
cultura
sea
pisoteado;
todas
las
cosas
humanas
quedarán
dispersas
en
el
caos.
La
reciente
guerra
ha
sido
solamente
un
preludio
a
cuanto
debe
todavía
suceder
a
vuestra
raza.
Nosotros,
desde
aquí,
podemos
verlo
más
claramente
en
todo
momento.
¿Creo
que
me
equivoco?”.
“No,-
respondí-
ya
sucedió
una
vez
en
el
pasado;
llegaron
los
años
oscuros
durante
cincuenta
años”.
“Si,
hijo
mío-
replicó
el
Maestro-,
los
años
oscuros
que
llegarán
ahora
para
vuestra
raza
envolverán
la
Tierra
como
un
manto;
pero
creo
que
algunos
entre
vosotros
sobrevivirán
a
la
tempestad;
aparte
de
esto,
no
sé
nada
más.
Nosotros
vemos
en
un
futuro
lejano
re
emerger,
desde
las
ruinas
de
vuestra
raza,
un
mundo
nuevo,
en
busca
de
sus
legendariostesoros
perdidos,
y
estos
estarán
aquí,
hijo
mío,
estando
seguros
en
nuestro
poder.
Cuando
llegue
el
momento,
nos
adelantaremos
de
nuevo
para
ayudar
a
vuestra
cultura
y
a
vuestra
cultura
y
a
vuestra
raza
a
vivir
de
nuevo.
Tal
vez
para
entonces
hayáis
aprendido
la
futilidad
de
la
guerra
y
de
su
lucha,
y
después
de
este
momento,
una
parte
de
vuestra
cultura
y
ciencia
os
serán
restituidas,
de
modo
que
vuestra
raza
pueda
volver
a
empezar
de
nuevo.
Usted,
hijo
mío,
debe
volver
al mundo de la superficie con este mensaje…”.
Con
estas
palabras
concluyentes,
nuestro
encuentro
parecía
llegar
a
su
fin.
Por
un
momento,
me
pareció
vivir
un
sueño;
sin
embargo,
sabía
que
aquella
era
la
realidad
y,
por
alguna
extraña
razón,
me
incliné
levemente,
no
se
si
por
respeto
o
humildad.
De
repente,
me
di
cuenta
que
los
dos
fantásticos
acompañantes
que
me
habían
conducido
hasta
aquí,
estaban
de
nuevo
a
mi
lado.
“Por
aquí,
Almirante”,
me
indicó
uno
de
ellos;
me
giré,
una
vez
más,
antes
de
salir
y
miré
hacia
el
Maestro;
en
el
delicado
rostro
del
anciano
se
apreciaba
una
dulce
sonrisa.”Adiós,
hijo
mío”,
me
dijo,
e
hizo
un
gesto
suave
con
su
delicada
mano,
un
gesto
de
paz,
terminando
así,
de
modo
definitivo,
nuestro
encuentro.
Salimos
velozmente
de
la
habitación
del
Maestro
por
la
gran
puerta
y
entramos
otra
vez
en
el
ascensor;
la
puerta
de
éste
se
abrió
hacia
abajo
silenciosamente
y
nos
movimos
enseguida
hacia
arriba.
Uno
de
los
acompañantes
me
dijo:”Ahora
debemos
darnos
prisa,
Almirante,
ya
que
el
Maestro
no
quiere
retrasar
más
vuestro
programa
previsto,
y
debéis
regresar
a
donde
está
vuestra
raza
con
su
mensaje”.
No
dije
nada;
todo
esto
era
casi
inconcebible
y,
una
vez
más,
mis
pensamientos
se
interrumpieron
apenas
nos
detuvimos.
Llegué
a
la
habitación
y
me
reuní
de
nuevo
con
mi
técnico
de
radio,
el
cual
tenía
una
expresión
de
ansia
en
su
cara.
Acercándome
a
él
le
dije:”Todo
va
bien,
Howie;
todo
va
bien”.
Los
dos
seres
nos
señalaron
hacia
donde
estaba
esperando
el
medio
de
locomoción;
salimos
y
pronto
llegamos
a
nuestro
avión.
Los
motores
estaban
a
punto,
e
inmediatamente
subimos
a
el.
La
atmósfera
estaba
cargada
de
un
cierto
aire
de
urgencia.
Una
vez
se
cerró
la
puerta
del
avión,
éste
fue
inmediatamente
elevado
por
aquella
fuerza
invisible
hasta
alcanzar
los
2.700
pies
de
altitud.
Dos
de
sus
naves
aéreas
iban
a
nuestro
lado,
a
una
cierta
distancia,
haciéndonos
planear
a
lo
largo
del
camino
de
retorno.
Debo
subrayar
que
el
indicador
de
velocidad
no
marcaba
nada;
no
obstante,
nos estábamos moviendo muy rápidamente.
Hora-:
Recibimos
el
siguiente
mensaje
por
radio:”Ahora
os
dejamos,
Almirante;
vuestros
controles
funcionan
libremente".
¡Auf
Wiedersehen!
(Hasta
la
vista).Observamos
por
un
instante
los
“Flugelrads”,
hasta
que
desaparecieron
en
el
cielo
azul
pálido.
El
avión,
de
repente,
quedó
como
capturado
por
una
corriente
descensional.
Inmediatamente,
retomamos
el
control.
Durante
un
rato,
no
habló
nadie;
cada
uno
de nosotros estaba inmerso en sus pensamientos.
Hora-:
Sobrevolamos
de
nuevo
extensiones
de
hielo
y
nieve,
estando
a
unos
27
minutos
del
campamento
base.
Enviamos
un
mensaje
por
radio;
el
campamento
base
nos
responde.
Informamos
de
las
condiciones
normales. Desde el campamento nos expresan su alivio por haber de nuevo establecido contacto.
Hora-: Aterrizamos suavemente en el campamento base. Tengo una misión que cumplir.
11 de Marzo de 1947
Solamente
he
tenido
un
encuentro
con
el
Estado
Mayor
del
Pentágono.
He
informado
totalmente
sobre
mi
descubrimiento
y
sobre
el
mensaje
del
Maestro.
Todo
ha
sido
rigurosamente
registrado.
El
Presidente
ha
sido
puesto
al
corriente.
Me
retienen
durante
varias
horas
(6
horas
39
minutos,
para
ser
exactos).
Soy
minuciosamente
interrogado
por
el
“Top
Security
Forces”
y
por
un
equipo
médico.
¡Es
angustioso!
Soy
puesto
bajo
estrecho
control
de
los
medios
de
Seguridad
Nacional
de
los
Estados
Unidos
de
América.
Se
me
ordena
CALLAR
sobre
todo
lo
que
sé,
¡Por
el
bien
de
la
humanidad!,
me
dicen,
¡INCREÍBLE!
Se
me
recuerda que soy militar y que, por tanto, debo obedecer las órdenes.
30 de Diciembre de 1956
Estos
últimos
años
transcurridos,
desde
1947
hasta
hoy,
no
han
sido
buenos.
He
aquí,
así
pues,
mi
última
anotación
en
este
diario
singular.
Concluyendo,
debo
afirmar
que,
por
obediencia
debida,
he
mantenido
en
secreto
este
tema,
tal
como
se
me
ordenó
durante
todos
estos
años.
He
hecho
todo
esto
en
contra
de
mis
principios
de
integridad
moral.
Ahora
siento
que
se
acerca
la
gran
noche,
y
este
secreto
no
morirá
conmigo,
sino
que,
como
cualquier
otra
verdad triunfará. ¡ESTA ES LA ÚNICA ESPERANZA PARA EL GÉNERO HUMANO!
He
visto
la
verdad,
y
ésta
ha
revigorizado
mi
espíritu
dándome
la
libertad.
He
hecho
mi
deber
frente
al
monstruoso
complejo
industrial
militar.
Ahora,
la
larga
noche
empieza
a
aproximarse,
pero
habrá
un
epílogo.
Como
la
larga
noche
del
antártico
termina.
Así
el
Sol
brillante
de
la
Verdad
surgirá
de
nuevo,
y
los
que
pertenecen a las tinieblas perecerán con Su Luz….
Porque
yo
he
visto
“aquella
Tierra
más
allá
del
Polo,
aquel
Centro
del
Gran
Desconocido”.
Postal conmemorativa
Desembarcando material aéreo en el Polo Sur
para la Base Científica
Byrd en un vuelo de reconocimiento
Recibimiento en New York
Byrd con su field "Igloo"
El "Josephine Ford" que voló El Polo Norte
Byrd dentro de la Estación Metorológica